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Bienvenida China!

El 15 de febrero a las 20.15hs llegó China a nuestras vidas! Nació por cesárea con 2.990 kilos. Arribó sosteniendo bien fuerte el cordón umbilical con ganas de quedarse dentro del calor del vientre materno, pero una vez fuera, abrió bien grande los ojos con ganas de explorar el mundo.

Amanecía un día perfecto. Un cielo celeste. Una claridad hermosa. Sin polución (muy frecuente en los cielos de Beijing, China).  Me levanté mucho antes que sonara el despertador. Estaba ansiosa. Contenta. Expectante. Nos bañamos, desayunamos y partimos al Hospital. Teníamos la cita mas importante de nuestras vidas 🙂

Nos internamos a las 8.15 am. Nos recuerdo de muy buen humor y felices, ya que estábamos empezando a transitar el camino que nos conduciría a conocer a nuestra pequeña China.

Al tener trombofilia, el obstetra prefirió comenzar con una inducción programada, con el anhelo de que pudiese desarrollarse un parto vaginal. Lamentablemente fueron surgiendo algunas complicaciones que desencadenarían una cesárea 12 horas más tarde.

Lo que sucedió fue que, con el paso del tiempo y el aumento de las contracciones, los latidos de China bajaban (más allá de lo esperable). Me monitorearon varias horas, analizando hasta dónde era conveniente para la salud de la beba.

Para ese entonces, mi buen humor se había tornado en preocupación. No podía sacar los ojos de la pantalla donde se plasmaban los latidos del corazón de China. Las contracciones crecían en intensidad y con ellas descendían los latidos. El aire en la habitación se tornó espeso. Se percibía el nerviosismo e intranquilidad frente a la incertidumbre y perturbación de la situación.

Finalmente se tomó la decisión de proceder con la cesárea. Me invadieron un conjunto de emociones contrapuestas. Por un lado, sentía una fuerte tristeza. Quería transitar y experimentar un parto natural. Pero por otro lado sentía alivio. Alivio que ya se había evaluado que era lo mejor para la situación presente. Confiaba plenamente en la decisión del obstetra, sabía que si realmente no hubiera sido necesario no hubiera tomado esa determinación.

Entre lágrimas y temor me prepararon para llevarme al quirófano. Tuvimos que insistir para que mi pareja pudiera estar presente, ya que frente a una cesárea no programada no permitían compañía dentro. Tenía mucho que asimilar en poco tiempo: “una cesárea de urgencia” (así la catalogaron); la posibilidad de que Ariel no estuviera presente en el nacimiento, el encontrarme sola en una sala de operaciones donde todos hablaban en chino sin entender una palabra y rezando y deseando que todo saliera bien sin inconvenientes para China.

Es importante contextualizar el relato. Si bien estaba en un hospital internacional, donde los médicos hablan inglés, entre ellos se dirigían en chino. Lo que hacía que no entendiera absolutamente nada de sus diálogos y opiniones. Había una enfermera que me iba explicando todo lo que iban haciendo, como también lo hacía “Sam”, mi obstetra quien era mi “cara conocida” frente a esa situación “extraordinariamente desconocida”.

Viviendo en China, siendo primeriza, diagnosticada con trombofilia, aprendí a confiar en las decisiones de quienes consideraba “autoridad”. Particularmente ese día, viviendo esa situación extrema, cargada de adrenalina, emoción y nerviosismo no tuve otra alternativa que entregarme, confiar y aceptar.

Aceptar que una cosa es lo “deseado” y otra cosa es “lo posible”. Aceptar que había protocolos e idiosincrasias chinas que no las iba a poder modificar (aunque quisiera). Aceptar que uno de los momentos más significativos de mi vida los viviría lejos de mi país natal y de casi todos mis afectos.

Pero rescato que este tipo de experiencias viviendo en el exterior son las que me hicieron y me hacen más fuerte, mas resiliente. Aprendí que, si bien muchas cosas no fueron como me hubieran gustado o imaginado, estuvieron cargadas de sorpresas y alegrías: como la visita de los 4 abuelos que pudieron instalarse el primer mes con nosotros, como la gran familia postiza de amigos que nos acompañaron en todo momento, brindándonos toda la ayuda y contención durante todo el embarazo, como el servicio hospitalario, que aún con la dificultad del idioma, demostró que el profesionalismo y  la calidez, derriba barreras y trasciende culturas.

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Espero que les haya gustado este relato hecho con mucho amor

Saludos 🙂

Nati



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